Alto Carrión
El Alto Carrión, cuya cabecera es la Villa de Guardo, forma la porción más occidental de La Montaña Palentina. Es ésta una comarca natural situada en la parte más oriental de la Cordillera Cantábrica, en el borde septentrional de Castilla y León. Aproximadamente la mitad norte del territorio es un área con características geográficas y climáticas propias de la cordillera, si bien atemperadas por su orientación sur. Son los valles y cumbres que conforman los macizos de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre, coincidiendo con la delimitación del Parque Natural.
La porción más meridional de la Montaña Palentina se corresponde con un paisaje de transición entre la montaña y la meseta. Son los suaves paisajes de los Valles de la Ojeda y la Valdavia, junto con los páramos de la Lora al este, en el entorno de Aguilar y el enclave palentino del Valle de Valderredible en la cuenca del río Ebro.
El territorio de la Montaña Palentina, con una superficie próxima a los 1.800 kilómetros cuadrados, tiene una población cercana a los 30.000 habitantes, distribuídos en 157 núcleos de población que, a su vez, se agrupan en 21 municipios. La mayor parte de la población se concentra en sólo cinco núcleos, cabeceras de comarca: Guardo, Aguilar de Campoo, Cervera de Pisuerga, Barruelo de Santullán y Velilla del Río Carrión.
En la Montaña Palentina la diversidad vegetal es notable, ya que se encuentran desde encinares, matorrales secos y tomillares hasta bosques caducifolios húmedos, praderas de siega, pinares e incluso céspedes de tipo alpino, según varíe la altitud y la exposición. Originariamente, la mayor parte del territorio de la comarca se encontraba cubierta de bosques, salvo los grandes roquedales o las partes más altas, por encima de los 1.800 metros de altitud. Posteriormente el hombre, mediante el uso continuado del fuego y de las talas, ha reducido el bosque en muchos casos a matorrales, praderas y pastizales. Entre los bosques, localizados entre 1.000 y 1.700 metros de altitud, destacan los robledales y hayedos; junto a otros, de menor extensión pero de singular valor, como son: los pinares de pino albar, enebrales y encinares de montaña, tejedas, acebedas, avellanedas, mostellares, abedulares y tremoledas.
En los bordes de los bosques, aparecen las orlas arbustivas con majuelos, rosales, endrinos, espinos pudios, agracejos… Existen además diversos tipos de matorrales. A mayores altitudes, o en zonas muy venteadas donde ya no puede darse el bosque, se extienden los piornales con sabinas y enebros rastreros. Donde la acción del fuego ha sido persistente proliferan los brezales. Los raspanedos, productores de los apreciados frutos, medran tanto en bosques como en brezales. Entre las áreas de pastos pueden citarse las conocidas praderas de siega o los prados de diente y los pastizales de altura. En los roquedos, peñas y pedregales crecen las originales plantas rupícolas que, en Palencia, presentan una riqueza y diversidad muy notables, con especies y subespecies endémicas. En parajes encharcados o muy húmedos se desarrollan agrupaciones de vegetales muy especializadas: turberas, cervunales, saucedas y comunidades de plantas acuáticas.